viernes, 19 de marzo de 2010

¡Cuidado! Gente trabajando

Como ya les conté, la tarea de creación del árbol fue un trabajo muy, pero muy, complicado. Se necesitó mucha “mano de obra”... y algunas “manitos” también. Dado que este blog pretende dejar un testimonio documental del proceso de creación del mural, no podía faltar entonces el registro de uno de los momentos más gloriosos (ojo, que dije “glorioso” y no “gracioso”) de dicho proceso: el super-equipo de "arboleros" en plena faena.

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jueves, 18 de marzo de 2010

El árbol, segundo intento

Tras el fracaso del plan original, volví al árbol con nuevas ideas. En realidad, el que acercó parte de la solución fue Alejandro. Sugirió que en lugar de usar pasta de yeso para la base, usara mezcla de arena y cemento. Así lo hice y esta vez logré crear una base para “despegar” el tronco del árbol de la superficie de la pared.
El segundo paso, una vez que se secó el cemento, fue aplicar sobre éste una capa de pasta de papel maché con enduido plástico. Para el papel maché utilicé mucho, pero mucho, papel higiénico triturado y previamente remojado en agua, mezclado luego con cola vinílica y un poco de polvo de tiza. A eso le agregué el enduido y con esa “pasta” fui dando forma a las protuberancias del tronco, creando así un relieve atractivo al tacto y llamativo para la vista.
Tres o cuatro días después, cuando el material estuvo bien seco y firme (¡por suerte!) inicié al trabajo de pintura. Nuevamente con el acrílico (en este caso usé los colores marrón tierra sombra, blanco, ocre y negro), fui cubriendo toda la superficie del tronco acentuando con distintos tonos más claros o más oscuros las vetas propias de la madera y resaltando así las protuberancias del material. Como se ve, el árbol demandó una ardua tarea en equipo (de la que en breve les estaré mostrando el “making off”) y un costoso aprendizaje, pero finalmente lo logramos y ahí está, firme y robusto a la espera de que le pongamos sus hojas para poder entregar la plácida sombra bajo la cual Nehuén se echará a jugar, a leer o simplemente… a soñar.
(Nota del autor): Aquí les dejo un video que resume todo el proceso de transformación del árbol. Varios días de trabajo comprimidos en menos de dos minutos.

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sábado, 13 de marzo de 2010

Barquitos de papel

Mientras intento resolver el “problema del árbol”, paso a contarles sobre otro de los agregados “especiales” de este mural. La pared del fondo de la habitación tiene una ventana. Sobre la esquina derecha de esa pared está el famoso árbol. Sobre la otra esquina, donde va la cuna, hay un lago. Allí, en esas aguas cálidas y apacibles, navegan en un viaje infinito dos pequeños barquitos de papel. En realidad, son de tela, pero simulan ser “de papel”. Se me ocurrió que podía ser divertido para Nehuén tener sobre su cuna, dos barquitos en cuyo interior pudiera poner “a navegar” alguno de sus muñecos preferidos. Sucede que estos barcos están hechos en tela y con el pliegue que queda a la vista, se forma una especie de bolsillo. El proceso de creación de los barquitos es el siguiente: Primero pinté unas estelas de agua sobre el lago para dar la sensación de movimiento.
Después, Ale (el papá de Nehuén) cortó en madera las siluetas de base de los barcos.
Mari (la abuela de Nehuén), colaboró diseñando un práctico forro de tela que sirve para cubrir la silueta de madera y, a su vez, proveer el bolsillo “guarda muñecos”.
Finalmente, sólo resta fijarlos a la pared en sus correspondientes lugares y listo… ¡A la mar!

El árbol, primer intento

Tal como anticipé en una de las primeras entradas de este blog (ver A dibujar se ha dicho), justo en la mitad del mural, ubicado en una de las esquinas de la habitación, se encuentra un gran árbol que divide en dos partes el dibujo. A diferencia del resto, el árbol no sólo va pintado sobre la pared, sino que también decidí darle relieve y textura a su superficie para hacerlo más llamativo y para que Nehuén pueda “sentir”, además de ver, su presencia.
El plan original consistía en aplicar sobre la pared una mezcla de pasta de yeso para elevar la superficie del dibujo, y pasta de papel maché para trazar, en relieve, las protuberancias del tronco. Pues bien, todo fue “viento en popa” hasta que, al día siguiente de aplicado el material (es decir, cuando se empezó a “secar”), la realidad me anotició de lo errado que había sido mi plan.
Por un lado, la mezcla no se había pegado correctamente a la pared, con lo cual, en algunas zonas del árbol el material se despegaba fácilmente. Y por otra parte, el yeso de la superficie, al secarse, empezó a resquebrajarse produciendo grandes grietas que arruinaban estéticamente el diseño.
Conclusión: el primer intento de creación del árbol fue un fracaso total y me vi en la obligación de sacar todo el material que había puesto en la pared, para rehacer de cero el trabajo pero, esta vez, con una “formula” diferente.
Allá vamos entonces, a “plantar” nuevamente el bendito árbol…

lunes, 1 de marzo de 2010

Se nos vino la noche

Y ahora sí, llegamos a la última acción de pintura del mural (lo que no significa que el mural esté terminado, porque aún quedan varias sorpresas).
Se trata del detalle final del cielo nocturno: la luna y las estrellas. Desde que la descubrió, Nehuén está fascinado por la luna (la de verdad) así que me pareció que no podía faltar una media luna en su mural, justo encima de la cuna, para que pueda verla todas las noches antes de quedarse dormido.

Acompañando a la luna, están las estrellas. Muchas, muchas estrellas de distintos tamaños e intensidades.
Incluso, sobre el tapa rollo de la ventana, se encuentra una constelación muy particular. Es que seis de las ovejitas nacidas de las burbujas de los chicos, luego de conciliar el sueño del niño, suben nuevamente al cielo para convertirse en estrellas. He ahí la clave de sus nombres… Y una nueva historia para contar antes de irse a dormir.
Nota del Autor: La idea original era agregar a esta luna y las estrellas un poco de pintura fosforescente para que se “encendieran” en la oscuridad. El plan sigue vigente pero estamos a la espera de conseguir la mencionada pintura así que por ahora –como diría Nehuén- las estrellas están “sin pilas”.

Plantando margaritas

Última etapa en la pared izquierda: llegó el tiempo de pintar las margaritas. Sobre el borde inferior de dicha pared, en un primer plano, se encuentra una suerte de matorral florecido con margaritas. El proceso de pintura se desarrolló básicamente en tres pasos. Primero pinté un fondo verde (oscuro), demarcando la silueta con hojas.
Luego “planté” la base de las flores (sus pétalos), unas en color blanco y otras en color amarillo clarito.

Finalmente hice los centros de las flores en un amarillo “oro” con un pequeño reborde en bordó oscuro a modo de sombra.
Aproveché la pintura para esparcir algunas cuantas margaritas en el campo ubicado detrás de los personajes (en la parte superior derecha) para “alegrar” un poquito más esa zona del dibujo.
Un detalle para destacar en la pared del fondo, donde, junto a la puerta, continúa el matorral de la pared izquierda. Allí puse un caracol posado sobre una hoja. Nada del otro mundo pero es un detalle simpático y llamativo, ya que está ubicado justo arriba del interruptor de la luz.